Consejos para las mujeres embarazadas

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Pequeños malestares

Junio 2nd, 2006 · Ningunos comentarios

Llegar al mundo exige al bebé un esfuerzo de adaptación que origina algunos trastornos.

En ningún otro momento de la vida el ser humano sufre un cambio tan brusco como el que conlleva el nacimiento. Abandonar el cálido vientre de la madre y asomar al mundo requiere un enorme esfuerzo de adaptación.
Esta es la razón por la que el recién nacido padece a menudo pequeños malestares: alteraciones en la piel, irritación en los ojos… Pero, aunque el niño se sienta algo molesto, no hay motivo para alarmarse: un poco de atención y los cuidados adecuados ayudarán a calmar su sufrimiento.

Ampolla labial

Es una pequeña ampolla en la parte media del labio superior. Está relacionada con la lactancia.
Parece como si el labio superior adaptara su forma para la succión. Es frecuente, pero no resulta doloroso ni reviste gravedad, por lo que no necesita cuidados especiales.

Regurgitación

Parecen vómitos, pero no lo son. Después de cada toma, el bebé expulsa suavemente la leche por las comisuras de los labios, a la vez que echa aire.
Cuando el niño ya ha comido lo suficiente suele regurgitar. Además, los pequeños pueden tener una incompetencia fisiológica transitoria del cardias (el orificio que comunica el estómago y el esófago) que favorece la salida de la leche con el aire. Por eso, conviene no obligarle a comer más de lo que le apetece y mantenerle erguido durante la toma. Al finalizar esta, hay que ayudarle a expulsar el aire.

Estornudos

Los recién nacidos son muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura. Es normal que estornuden varias veces al día sin estar resfriados.
Pueden deberse a varias causas: un ambiente demasiado frío o excesivamente cálido, un olor extraño, una prenda fría sobre su cuerpo o el cambio de un ambiente a otro. No deben ser motivo de preocupación, pues suelen desaparecer a partir del tercer o cuarto mes.

Costra láctea

Afección del cuero cabelludo en forma de placas escamosas de color marrón y aspecto grasiento que se produce por un brote de seborrea.
Las costras suelen aparecer en la cabeza, pero también pueden formarse en otras partes del cuerpo. Es importante evitar que se extiendan o se infecten, por lo que no deben aplicarse aceites ni lociones sin consultar al pediatra y hay que procurar que el pequeño no se toque la zona afectada. La costra puede desaparecer sola, aunque el proceso es muy lento. Si va a mayores, es necesario acudir al médico, quien recetará una crema o champú específicos para lactantes.

Etiquetas: Tu bebé