En el estudio, “los bebés que no estaban acostumbrados a estar envueltos (…) se durmieron acostados sobre su espalda”, dijo a Reuters Health el autor del estudio, Bradley T. Thach, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis, Missouri. “Dormir boca arriba es la posición preferida para reducir el riesgo del síndrome de muerte súbita (SMSI)”, agregó.
Este tipo de envoltura se usaba casi universalmente antes del siglo XVIII como una manera de restringir el movimiento de los bebés, según Thach y sus colegas. Sin embargo, estudios recientes indicaron que la práctica podría conducir a problemas de respiración e incluso a la muerte debido a la presión de la ropa sobre la pared torácica del bebé.
También ha habido preocupación porque la práctica podría causar problemas en el desarrollo de la articulación de la cadera o provocar un calentamiento excesivo.
La nueva investigación pone a prueba las teorías anteriores
Thach y sus colegas investigaron la legitimidad de estas alegaciones en un estudio con 37 bebés, cuyas edades oscilaban entre 19 días y casi seis meses. Se estudió a los bebés mientras tomaban siestas cortas en un laboratorio.
En general, 33 de los bebés, incluidos siete que generalmente dormían sobre el abdomen, se quedaron dormidos a los 30 minutos en su envoltura, informaron los investigadores en una edición reciente del Journal of Pediatrics.
Los bebés que no soportaron la envoltura no se durmieron en media hora y tenían casi un mes más de edad, como promedio, que los que aceptaron la envoltura.
Comienza temprano
Esto indica que la “introducción temprana de la envoltura puede asegurar mayor éxito”, especulan los investigadores.
A medida que la envoltura se ajustó más al cuerpo de los bebés, en comparación con la forma tradicional, los niños no mostraron un aumento o disminución en la frecuencia cardíaca. Las concentraciones de oxígeno también permanecieron estables mientas permanecieron envueltos.
Incluso, los bebés experimentaron un ligero aumento de la respiración durante el experimento donde la envoltura se ajustó con más fuerza, dijeron los investigadores. “Esto indica que el bebé puede estar compensando cierto grado de restricción sobre la pared torácica o de disminución del volumen pulmonar, o ambas”, escribieron.
Los bebés pudieron flexionar espontáneamente sus articulaciones de las caderas mientras estaban envueltos y sólo experimentaron un aumento de dos grados en la temperatura de la piel.
Los investigadores ajustaron las frazadas para cubrir a los bebés de una forma “más holgadas en las caderas que la envoltura tradicional”, explicó Thach.
Asimismo, la frazada era ligera para que “el calentamiento excesivo no constituyera un problema”, dijo.